La idea para su tesis nació de algo que Clara Pistán conocía de cerca. Durante años estuvo vinculada a la Dirección de Tránsito de Yerba Buena. Fue jefa administrativa y, actualmente, realiza tareas dentro de la Secretaría de Gobierno, aunque continúa perteneciendo al área de Tránsito y Transporte.
Desde ese lugar pudo observar un problema que, según cuenta, se repetía: los inspectores municipales quedaban expuestos a situaciones de violencia durante su trabajo en la vía pública.
Se recibió de abogada a los 64 y creó un proyecto para proteger a los varitas agredidosEl crecimiento habitacional y comercial de Yerba Buena, según explica, trajo aparejado un aumento significativo en la circulación vehicular. Y con esa mayor circulación también se multiplicaron los controles y los conflictos que pueden surgir durante un operativo.
Clara decidió entonces preguntarles directamente a los trabajadores qué les ocurría. Las respuestas fueron contundentes. Cerca de la mitad habían estado en algún episodio comprometedor. Uno de los casos que recuerda involucra a un inspector que durante un operativo detectó una motocicleta sin patente que además había cruzado un semáforo en rojo. El trabajador siguió al vehículo hasta lograr que se detuviera. El conductor se identificó como integrante de otra fuerza de seguridad. El inspector recibió advertencias y amenazas
Se realizó una denuncia, pero, según relata Clara, el trabajador no tuvo información clara sobre su continuidad ni acompañamiento jurídico para seguir el proceso. Para ella, ahí aparece una de las principales dificultades: los trabajadores denuncian, pero muchas veces la falta de recursos económicos hace que esas denuncias queden sin seguimiento. Y cuando una agresión no tiene consecuencias, advierte, también se debilita la autoridad del Estado.
Sin semáforos y complicados para cruzar en el ex Camino del Perú: “Cuando no están los varitas, es imposible”Hay otro hecho que Clara rememora especialmente. Un hombre que acababa de pagar una multa llegó muy ofuscado. Vio a una inspectora de la repartición con uniforme y descargó sobre ella su enojo, aunque la mujer no tenía ninguna relación con la situación que lo había molestado.
Primero fueron los insultos. Después, un golpe de puño. La respuesta de la trabajadora fue, según Clara, una pregunta que resume el problema: “¿Para qué voy a poner la denuncia si no se hace nada?”
Ese tipo de situaciones fue el punto de partida de su investigación. Pero también descubrió que el problema no se limitaba a los inspectores de tránsito. Durante su trabajo, escuchó relatos de agresiones contra empleados de otras áreas municipales.
Una trabajadora de mesa de entrada contó que un hombre, al recibir una noticia que lo había alterado, golpeó el vidrio e intentó agredir a la persona que estaba atendiendo. En la Dirección de Rentas, otro empleado relató que un contribuyente, molesto porque no figuraba registrado un pago que aseguraba haber realizado, terminó golpeándolo.
La conclusión de Clara fue que la protección debía alcanzar a todos. No solamente a los inspectores. Por eso su propuesta plantea la creación del cargo de defensor legal de los agentes municipales.
La idea es que esa función sea desempeñada por personal de la propia Municipalidad que cumpla los requisitos legales, de modo que no sea necesario generar una nueva estructura presupuestaria y que los trabajadores puedan recibir una respuesta rápida ante una situación de violencia.
“El objetivo es acompañarlos jurídicamente. Porque existe una diferencia fundamental: los municipios cuentan con áreas jurídicas que defienden los intereses del Estado, pero no necesariamente con una estructura específica destinada a defender los intereses de los trabajadores municipales”, explica.
La batalla del día: varitas-policías vs. motociclistas-peatonesLa ordenanza que existía previamente contemplaba sanciones frente a determinadas agresiones, como multas, servicio comunitario o incluso el secuestro de la licencia de conducir en los casos previstos por la normativa. Pero, según Clara, faltaba una herramienta específica que permitiera actuar de manera directa y acompañar al empleado durante el proceso. Su tesis buscó justamente poner el foco allí.
En privado
A diferencia de otras investigaciones académicas, Clara no trabajó con un problema distante. No investigó una cuestión abstracta ni se limitó a analizar bibliografía. Entrevistó a personas con las que comparte espacios de trabajo.
Personas que le contaron, en privado y con confianza, situaciones difíciles que habían vivido. Y eso, para ella, generaba una responsabilidad.
“Yo trato con gente que me cuenta en un ámbito privado, con confianza, las cosas que vive. Es tremendo para alguien escuchar y no llevar algo como respuesta”, sostiene. Por eso sintió que no podía quedarse solamente con el título académico.